La dolorosa ironía del momento que atraviesa el Newcastle United radica en que, a pesar de mirar hacia el futuro, el equipo depende demasiado del pasado y eso le está costando caro en el presente. La derrota por la mínima ante el Everton dejó al conjunto dirigido por Matthias Jaissle en el décimo tercer puesto de la tabla de la Premier League tras sumar su tercer tropiezo en cuatro encuentros.
La frustración de la afición y el rendimiento del equipo
Un estadio de St James’ Park lleno despidió el partido con abucheos e indignación ante la situación actual, un descontento que el propio Matthias Jaissle reconoció comprender al ver crecer la presión sobre su figura. El técnico admitió ante los medios su gran frustración y decepción, señalando que el equipo entrenaba a un nivel elevado pero no logró plasmarlo en el campo desde el pitido inicial. El entrenador afirmó que los aficionados tienen razones para estar molestos y que, cuando no se responde en el momento clave, el conjunto no merece la victoria.
Con el paso de los partidos, queda en evidencia que el planteamiento del mercado estival pudo ser erróneo, ya que el club asumía una transición importante con las ventas previas de Anthony Gordon y Sandro Tokali. Las salidas repentinas del exentrenador Eddie Howe y del capitán Bruno Guimaraes pocas semanas antes de arrancar la competición tampoco formaban parte de los planes iniciales. Sin embargo, en declaraciones a TNT Sports previas al empate ante el Bournemouth, el director deportivo Ross Wilson aseguró que el mercado veraniego se había desarrollado tal como se planeó en casi su totalidad.
Una apuesta por la juventud con dudas inmediatas
El plan consistía en un relevo generacional bajo el lema “Newcastle 2.0”, apostando por la juventud y asumiendo riesgos para lograr una mayor sostenibilidad tras las dos clasificaciones a la Liga de Campeones y el título cosechados en los primeros cinco años bajo la propiedad del Fondo de Inversión Pública de Arabia Saudí. Se destinaron más de 200 millones de libras a la incorporación de ocho nuevos futbolistas, aunque el problema principal es que Matthias Jaissle apenas cuenta con varios de ellos. Fichajes costosos como Bazoumana Toure, por 42 millones de libras, o el centrocampista Aladji Bamba, por 35 millones, han tenido una participación muy escasa.
La estrategia arriesgada todavía no da los frutos esperados y, ante la falta de confianza en los fichajes jóvenes, el reemplazo temporal de Bruno Guimaraes ha recaído en Joe Willock, un jugador del que se pensaba que no tenía futuro en la institución. Por otro lado, la responsabilidad de marcar los goles que dejó Alexander Isak recae ahora en Will Osula, mientras Harvey Barnes tampoco está aprovechando su oportunidad de brillar en el extremo izquierdo. Para colmo, futbolistas veteranos como Fabian Schar, Dan Burn, Joelinton y Jacob Murphy han vuelto a tener un protagonismo forzado debido al vacío que dejaron las grandes figuras vendidas.
A largo plazo, la esperanza radica en que los jóvenes talentos se desarrollen y alcancen el nivel necesario para ocupar el vacío dejado por los anteriores referentes. No obstante, en el presente existe un desequilibrio evidente en la plantilla entre la calidad y el carácter competitivo que amenaza con traer consecuencias negativas si no se corrige a tiempo.







