El Signal Iduna Park mantuvo su estampa habitual el pasado sábado, con más de 81.000 espectadores vibrando con la victoria del Borussia Dortmund ante el Eintracht Frankfurt. Sin embargo, bajo la superficie de una de las mejores aficiones de Europa, el club ha puesto en marcha una iniciativa para frenar el uso de los teléfonos móviles en las gradas.
Un programa de incentivos contra el uso de pantallas
El club alemán anunció recientemente un sistema de recompensas para aquellos seguidores que se abstuvieran de mirar sus dispositivos durante el encuentro. Los aficionados que activaron el llamado modo aficionado en la aplicación oficial del club acumulaban puntos en función del tiempo que dejaban sus teléfonos en paz, con la posibilidad de ganar camisetas firmadas y tarjetas de regalo para la tienda oficial.
El Borussia Dortmund no es el único equipo del país en tomar medidas contra la tecnología. Conjuntos de la segunda división como el Hertha Berlín y el Dynamo Dresden han prohibido por completo los vídeos comerciales al estilo influencer en sus recintos por temor a perjudicar los derechos televisivos y la experiencia de los asistentes. En el caso del Dortmund, la medida busca frenar la proliferación de creadores de contenido que monetizan las imágenes del ambiente y molestan a los abonados de toda la vida.
El dilema sobre cómo se debe vivir el deporte
Este fenómeno no es exclusivo del fútbol y también afecta a torneos de tenis como el Abierto de Estados Unidos, donde los creadores de contenido han llegado a interrumpir partidos con sus focos, mientras que Wimbledon se niega a acreditar a estos perfiles. No obstante, la estrategia del Dortmund va más allá de apartar a los influencers y plantea un interrogante sobre la forma en que los espectadores consumen el deporte en la actualidad.
El director ejecutivo del club, Carsten Cramer, señaló que las más de 81.000 personas cantando y conteniendo la respiración juntas en el estadio conforman un momento irrepetible que debe situarse en el centro de la experiencia. Por su parte, el director ejecutivo de Vodafone Alemania y patrocinador del club, Marcel de Groot, indicó que los asistentes deben centrarse en lo que ocurre sobre el césped y en las gradas en lugar de mirar una pantalla.
Estas posturas chocan con la realidad de que muchos aficionados pueden entender su visita al estadio de otra manera, similar a lo que ocurre en los conciertos musicales donde el público graba constantemente. La situación reabre el debate sobre si los clubes tienen derecho a dictaminar el comportamiento de los compradores de entradas y si el fútbol moderno debe tratarse como un espectáculo pasivo o como una experiencia de participación activa.
Las estrictas normas de la Bundesliga sobre la propiedad de los clubes por parte de los socios han permitido conservar un paraíso para los aficionados con localidades a precios razonables. Aunque la expulsión de los influencers parece inevitable en la era de los clubes convertidos en productoras, los hinchas tradicionales no son tan fáciles de reconducir en su comportamiento y manifestarán su postura con sus decisiones de consumo.







