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Una mirada al Superclásico argentino entre pasión y violencia

Una mirada al Superclásico argentino entre pasión y violencia

Asistir al partido entre Boca Juniors y River Plate en la semana en que cumplí 60 años me hizo recordar una vida entera de vivencias en este clásico encuentro. Desde que una conocida lista deportiva posicionara en 2004 este duelo en Buenos Aires como el número uno que se debe presenciar antes de morir, el derbi más importante de Argentina ha adquirido una fama global de color, pasión y emoción incontrolable.

Cambios en el estadio y la ausencia de visitantes

Las cosas han cambiado y el partido en La Bombonera presentó un espectáculo muy diferente. Como señaló el periodista argentino Ezequiel Fernández Moores sobre el primer Superclásico sin hinchas visitantes disputado en 2013, la ausencia del bando rival ha sido bien recibida por muchos al hacer la experiencia más familiar, aunque reduzca notablemente la paleta de colores en las gradas.

La falta de aficionados contrarios se refleja también en los periodistas visitantes, quienes ahora se sientan al mismo nivel que la grada local donde la barra brava conocida como La Doce marca el ritmo. Con motivo de la lluvia pronosticada, el club repartió paraguas azules y amarillos que se abrían de forma sincronizada, mientras que antaño la pirotecnia era introducida de contrabando por la misma barra brava.

Tragedias y violencia en la historia del derbi

Al recoger mi acreditación, recordé cuando entrevisté en 1994 a José Barritta, el entonces líder de La Doce, para un reportaje sobre el Superclásico desde la bandeja central. Aquella tarde terminó en tragedia con dos hinchas de River Plate asesinados a tiros, lo que me convirtió en testigo de que Barritta no había estado involucrado y alejó mi fascinación inicial por la violencia en el fútbol.

La muerte en el Superclásico no era algo nuevo en ese entonces, recordando la tragedia de la Puerta 12 en 1968, donde 71 aficionados perdieron la vida aplastados. En aquellos años, las barras de ambos equipos mantenían una relación amistosa que se rompió por completo con la llegada de Barritta al mando de La Doce en 1981.

En 2018, cuando Boca y River se enfrentaron en la final de la Copa Libertadores, se permitió el regreso de los hinchas visitantes como experimento, pero el autobús de Boca fue apedreado y el partido terminó cancelándose y trasladándose a Madrid. El reciente encuentro no tuvo la magnitud de aquella final, pero la victoria por la mínima de Boca ante un River con nueve jugadores le aseguró un lugar en la próxima edición del torneo continental, según indicó el comentarista de radio Víctor Hugo Morales en su cabina.

Las nuevas generaciones parecen tomarse el enfrentamiento de otra manera, con figuras de los nuevos medios restando dramatismo a la rivalidad, mientras que mi propio hijo, hincha de River, no pudo asistir al partido debido a la prohibición de hinchas visitantes. Quizá algún día podamos acudir juntos al estadio sin restricciones.

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